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Un cambio de mirada, un cambio de perspectiva. Un bienestar, una «felicidad» que fluye desde adentro, no desde afuera.
Al volver la mirada hacia adentro, en la práctica de la atención plena, de mindfulness, contactamos con lo estable, con el lugar que siempre está ahí, en el presente.
Las circunstancias externas cambian. Todo cambia. Todo está en movimiento. Esa inestabilidad, esa búsqueda de satisfacción constante, de una “felicidad”, basada exclusivamente en lo que “llegará” en un futuro, cuando haga, cuando tenga, cuando consiga, cuando esto pase, cuando esto llegue… En esta búsqueda, quizás perdemos la esencia de la vida en su misma sencillez en el presente, y agradecer, desde ahora mismo, el hecho de estar vivos y respirando en este instante…
Quizás nos empeñamos tanto en que las piezas encajen -ese «cuando todo encaje seré feliz»….- que nos olvidamos de este momento… No es que seamos responsables de ello, es así cómo la mente funciona, llevándonos en un viaje constante más allá del momento presente. Sin embargo, sí podemos cultivar otra manera de relacionarnos con la vida, un vivir más consciente, más presente, desde la práctica de mindfulness.