Visibilizar el dolor crónico

El 17 de octubre es un día en que se trata de visibilizar algo invisible: el dolor crónico. En este momento surge compartir algo personal que tiene que ver con las circunstancias de la vida con las que tod@s nos relacionamos.
Pasados los 40 me hice daño en la espalda con el resultado de una hernia discal a nivel L5S1 y me encontré con un dolor muy intenso que permaneció durante meses sin menguar, así como la imposibilidad de realizar muchos movimientos. No podía conducir, hacer las tareas sencillas de casa, no podía ni ponerme la ropa interior o los calcetines sola. Había muchos días que ninguna postura me aliviaba, no podía apenas estar tumbada, ni sentada, ni podía casi caminar. Visité varios médicos y la mayoría me proponía la vía de la cirugía. En aquel momento elegí explorar otras vías por mis propias circunstancias y aposté por ello. Al principio – gracias a una llamada y la recomendación de mi prima Sonia, gracias primi otra vez…- iba al fisioterapeuta, al que siempre estaré agradecida – Clinica Sohail Fuengirola, Málaga- tumbada en la parte de atrás del coche. Poco a poco, muy lentamente, fui mejorando y el dolor disminuyó, e incluso desapareció por temporadas.
Ahora, según lo atenta que esté y me cuide más o menos, a veces surge intenso, otras permanece suave y otras no está. Suelo meditar en muchas ocasiones con dolor. Hago vida normal, con cuidado de no coger pesos y con las posturas. Me siento afortunada. Conozco muchas personas con dolor crónico intenso y continuado a las que admiro profundamente. Una de ellas, una familiar muy cercana, Ángeles, sigue siendo mi maestra. A veces buscamos maestros e idealizamos a otros, cuando quizás los tenemos mucho más cerca si prestamos atención. Si rememoramos un solo día de dolor intenso, así todo el tiempo, o casi siempre. Así es como vive una persona con dolor crónico. Y justo por ello, las circunstancias de Ángeles, fue por lo que hace años me sentí inspirada en traer a Málaga el bello programa Mindfulness para la Salud creado por Vidyamala Burch, a raíz de su propia experiencia con el dolor crónico. Ella medita a diario desde entonces. A veces meditamos juntas. Ella y aquella intención me acompaña siempre.
En este momento, en primera persona, en mi propia experiencia, siento que los pilares que me mantienen son la higiene postural, los estiramientos y el yoga suave, la meditación, el descanso, caminar y la alimentación, apoyado todo en la base fundamental de la atención. En algún momento volveré a la fisioterapia si lo necesito. Siento que cuando no estoy atenta al cuerpo, o abandono mi propio cuidado de alguna manera, la posibilidad de hacerme daño y reactivar el dolor aumentan.
El dolor crónico es invisible y está ahí. Seguro que muchos de vosotros convivís en mayor o menor medida con el dolor. Creo que recordarlo quizás nos permita mirar al que convive con él de otra manera, conectarnos a la vulnerabilidad que todos compartimos, y a la libertad de elegir explorar el cuidar de nosotr@s mism@s más allá de las circunstancias.

Las fotografías son de este verano caminando por el Parque de Málaga.